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Os presentamos un libro que puede resultarnos muy útil a la hora de conocer algo más sobre la muerte y el morir, tema por el que con frecuencia nos preguntan nuestros alumnos en las aulas.
A lo largo de estas páginas -nos dice el director del libro- se ha buscado pensar bien la muerte y el morir para mejor afrontar la vida y el vivir. De esta convicción surge la siguiente invitación: mientras llega la muerte, meditemos la vida; mientras vivimos, no olvidemos la muerte; el vivir y el morir son anverso y reverso de la misma realidad que somos nosotros. Ahora nos toca decirnos a nosotros mismos una palabra que dé razón del sentido y significado que cada uno damos a esta realidad de la muerte.
Narraciones: la hormiga y el grano de trigo
Un grano de trigo se quedó solo en el campo después de la siega, esperando la lluvia para poder esconderse bajo el terrón.
Una hormiga lo vio, se lo echó a la espalda. Entre grandes fatigas se dirigió hacia el lejano hormiguero.
Camina que te camina, el grano de trigo parecía cada vez más pesado sobre la espalda cansada de la hormiga.
- ¿Por qué no me dejas tranquilo? -dijo el grano de trigo.
La hormiga respondió:
- Si te dejo tranquilo no tendremos provisiones para el invierno. Somos tantas, nosotras las hormigas, que cada una debe llevar a la despensa el alimento que logre encontrar .
- Pero yo no estoy hecho para ser comido -siguió el grano de trigo- . Yo soy una semilla llena de vida, y mi destino es el de hacer crecer una planta. Escúchame, hagamos un trato.
La hormiga, contenta de descansar un poco, dejó en el suelo la semilla y preguntó:
- ¿Qué trato?
- Si tú me dejas aquí, en mi campo -dijo el grano de trigo-, renunciando a llevarme a tu casa, yo, dentro de un año, te daré cien granos de trigo iguales que yo.
La hormiga lo miró con aire de incredulidad.
- Sí, querida hormiga, puedes creer lo que te digo. Si hoy renuncias a mí, yo te daré cien granos como yo, te regalaré cien granos de trigo para tu nido .
La hormiga pensó:
- ¡Cien granos a cambio de uno solo...! ¡Es un milagro!
- ¿Y cómo harás? -preguntó al grano de trigo.
- Es un misterio -respondió el grano-. Es el misterio de la vida. Excava una pequeña fosa, entiérrame en ella y vuelve así que pase un año.
Un año después volvió la hormiga.
El grano de trigo había mantenido su promesa.
(Leonardo da Vinci)
Una hormiga lo vio, se lo echó a la espalda. Entre grandes fatigas se dirigió hacia el lejano hormiguero.
Camina que te camina, el grano de trigo parecía cada vez más pesado sobre la espalda cansada de la hormiga.
- ¿Por qué no me dejas tranquilo? -dijo el grano de trigo.
La hormiga respondió:
- Si te dejo tranquilo no tendremos provisiones para el invierno. Somos tantas, nosotras las hormigas, que cada una debe llevar a la despensa el alimento que logre encontrar .
- Pero yo no estoy hecho para ser comido -siguió el grano de trigo- . Yo soy una semilla llena de vida, y mi destino es el de hacer crecer una planta. Escúchame, hagamos un trato.
La hormiga, contenta de descansar un poco, dejó en el suelo la semilla y preguntó:
- ¿Qué trato?
- Si tú me dejas aquí, en mi campo -dijo el grano de trigo-, renunciando a llevarme a tu casa, yo, dentro de un año, te daré cien granos de trigo iguales que yo.
La hormiga lo miró con aire de incredulidad.
- Sí, querida hormiga, puedes creer lo que te digo. Si hoy renuncias a mí, yo te daré cien granos como yo, te regalaré cien granos de trigo para tu nido .
La hormiga pensó:
- ¡Cien granos a cambio de uno solo...! ¡Es un milagro!
- ¿Y cómo harás? -preguntó al grano de trigo.
- Es un misterio -respondió el grano-. Es el misterio de la vida. Excava una pequeña fosa, entiérrame en ella y vuelve así que pase un año.
Un año después volvió la hormiga.
El grano de trigo había mantenido su promesa.
(Leonardo da Vinci)
Narraciones: el rey Darío y su cuidador de caballos
Darío, rey de Persia, estaba cazando un día cuando se encontró apartado de sus sirvientes. Cabalgaba solo a través de una pradera y observó que un hombre corría hacia él.
-Es un enemigo, -pensó, y colocando una flecha en su arco, apuntó.
-Mi señor -gritó el hombre lleno de miedo-. No disparéis. ¿No me reconocéis? Soy vuestro caballerizo y cuido de vuestros corceles.
-Da gracias a tu buen ángel -dijo Darío sonriendo, mientras guardaba la flecha-. Un minuto más y estarías muerto.
El caballerizo rió nerviosamente, se acercó y se inclinó.
-Espero que me perdonéis, mi señor, si os ofrezco un consejo -dijo-. ¡Tiene que haber algo verdaderamente errado cuando un rey no distingue a un amigo de un enemigo! Una de las exigencias de la gran posición que ocupáis es la de saber quién es cada uno de vuestros servidores. He estado a menudo en vuestra presencia y hemos discutido varias veces sobre los caballos que cuido para vos. Pero ahora, cuando corría lleno de alegría cruzando el prado para daros la bienvenida, no deberíais haber pensado que era un enemigo.
-¿Veis todos estos corceles? -dijo el caballerizo extendiendo los brazos-. ¡Hay cientos de ellos, miles de ellos! y conozco el nombre de todos. Nombrad uno y os lo traeré. Esta es la razón de que me confiaseis este puesto.
¡Oh, majestad! Deberíais atender a vuestra grey con el mismo cuidado. Darío, desde aquel día, se dirigió amablemente al hombre, grabó el consejo en su corazón e hizo esfuerzos por conocer personalmente no sólo a los visires, sino también a quienes convivían con él.
El maestro de sabiduría enseña: El sonido más agradable que puede escuchar una persona es su nombre pronunciado con afecto. Quien conoce a sus compañeros gana amigos.
(Popular persa)
-Es un enemigo, -pensó, y colocando una flecha en su arco, apuntó.
-Mi señor -gritó el hombre lleno de miedo-. No disparéis. ¿No me reconocéis? Soy vuestro caballerizo y cuido de vuestros corceles.
-Da gracias a tu buen ángel -dijo Darío sonriendo, mientras guardaba la flecha-. Un minuto más y estarías muerto.
El caballerizo rió nerviosamente, se acercó y se inclinó.
-Espero que me perdonéis, mi señor, si os ofrezco un consejo -dijo-. ¡Tiene que haber algo verdaderamente errado cuando un rey no distingue a un amigo de un enemigo! Una de las exigencias de la gran posición que ocupáis es la de saber quién es cada uno de vuestros servidores. He estado a menudo en vuestra presencia y hemos discutido varias veces sobre los caballos que cuido para vos. Pero ahora, cuando corría lleno de alegría cruzando el prado para daros la bienvenida, no deberíais haber pensado que era un enemigo.
-¿Veis todos estos corceles? -dijo el caballerizo extendiendo los brazos-. ¡Hay cientos de ellos, miles de ellos! y conozco el nombre de todos. Nombrad uno y os lo traeré. Esta es la razón de que me confiaseis este puesto.
¡Oh, majestad! Deberíais atender a vuestra grey con el mismo cuidado. Darío, desde aquel día, se dirigió amablemente al hombre, grabó el consejo en su corazón e hizo esfuerzos por conocer personalmente no sólo a los visires, sino también a quienes convivían con él.
El maestro de sabiduría enseña: El sonido más agradable que puede escuchar una persona es su nombre pronunciado con afecto. Quien conoce a sus compañeros gana amigos.
(Popular persa)
Narraciones: la fuerza de la amistad
Hace mucho tiempo vivieron tres novillos unidos por una gran amistad. Juntos se dirigían a pastar la jugosa hierba en la pradera y juntos bebían agua del río. Durante largos años vivieron en paz y concordia.
La alianza existente entre los tres amigos les hacía invencibles.
Tanta era la fuerza que nacía de la hermandad de aquellos tres novillos que hasta el león les temía. Un día al león le entraron ganas de comerse a un novillo. Durante mucho tiempo buscó la forma de llevar a cabo su plan. Por fin halló una hábil estratagema.
Se dirigió hacia la pradera donde se hallaban. Les saludó y se puso a charlar amablemente con ellos. Los novillos, al ver la cordialidad del rey de la selva, no duraron en tratarle como a un amigo más. Y esto era lo que pretendía el león.
Una mañana muy temprano, cuando todavía el rocío bañaba las altas hierbas, el león fue en busca del novillo más viejo y le dijo: "No te fíes de tus compañeros. ¿No te has dado cuenta de cómo te marginan con frecuencia? Estoy convencido de que están tramando algo contra ti. Pero no temas, yo soy tu amigo y quiero ayudarte".
El novillo creyó lo que el león le decía.
Al día siguiente muy de mañana el león pronunció el mismo discurso ante el novillo más joven de los tres: "¡Cuidado, no te confíes a tus compañeros! ¿No ves que siempre están juntos? Estoy seguro que están urdiendo algo para excluirte. Pero no tengas miedo yo estoy a tu lado. Te apoyaré".
El menor de los novillos creyó también las palabras embusteras del león.
Así fue como las malas artes del león rompieron la amistad entre los tres novillos, compañeros desde hacía tanto tiempo. Así fue como los tres jóvenes toros, recelando y desconfiando, marcharon a pastar cada uno a un prado distinto.
A partir de este momento el león pudo llevar a cabo su pérfido propósito. Los tres novillos habían perdido la fuerza que nacía de su compañerismo y afecto. Rota la armonía y la amistad, fueron presa fácil de los afilados dientes del león.
El fiero león atacó primeramente al mayor y lo devoró. Luego al menor, y finalmente al mediano.
El maestro de sabiduría enseña: De la amistad profunda y sincera nace una fuerza que nadie puede destruir. Pero cuando la desconfianza entra en casa de la amistad, todas sus paredes se vienen abajo y hay gran ruina. Se fiel a tus amigos; confía en ellos.
(Popular norteafricano)
La alianza existente entre los tres amigos les hacía invencibles.
Tanta era la fuerza que nacía de la hermandad de aquellos tres novillos que hasta el león les temía. Un día al león le entraron ganas de comerse a un novillo. Durante mucho tiempo buscó la forma de llevar a cabo su plan. Por fin halló una hábil estratagema.
Se dirigió hacia la pradera donde se hallaban. Les saludó y se puso a charlar amablemente con ellos. Los novillos, al ver la cordialidad del rey de la selva, no duraron en tratarle como a un amigo más. Y esto era lo que pretendía el león.
Una mañana muy temprano, cuando todavía el rocío bañaba las altas hierbas, el león fue en busca del novillo más viejo y le dijo: "No te fíes de tus compañeros. ¿No te has dado cuenta de cómo te marginan con frecuencia? Estoy convencido de que están tramando algo contra ti. Pero no temas, yo soy tu amigo y quiero ayudarte".
El novillo creyó lo que el león le decía.
Al día siguiente muy de mañana el león pronunció el mismo discurso ante el novillo más joven de los tres: "¡Cuidado, no te confíes a tus compañeros! ¿No ves que siempre están juntos? Estoy seguro que están urdiendo algo para excluirte. Pero no tengas miedo yo estoy a tu lado. Te apoyaré".
El menor de los novillos creyó también las palabras embusteras del león.
Así fue como las malas artes del león rompieron la amistad entre los tres novillos, compañeros desde hacía tanto tiempo. Así fue como los tres jóvenes toros, recelando y desconfiando, marcharon a pastar cada uno a un prado distinto.
A partir de este momento el león pudo llevar a cabo su pérfido propósito. Los tres novillos habían perdido la fuerza que nacía de su compañerismo y afecto. Rota la armonía y la amistad, fueron presa fácil de los afilados dientes del león.
El fiero león atacó primeramente al mayor y lo devoró. Luego al menor, y finalmente al mediano.
El maestro de sabiduría enseña: De la amistad profunda y sincera nace una fuerza que nadie puede destruir. Pero cuando la desconfianza entra en casa de la amistad, todas sus paredes se vienen abajo y hay gran ruina. Se fiel a tus amigos; confía en ellos.
(Popular norteafricano)
Narraciones: quería nacer
La nueva remesa de niños y niñas destinados a nacer durante los próximos días estaba preparada. En una gran sala esperaban el momento de embarcar y dirigirse a la Tierra.
Había un niño ansioso y entusiasmado por nacer. Deseaba llegar a la tierra y amar a sus padres. Pero a su lado descubrió a un compañero que estaba triste. Entonces el niño entusiasmado y ansioso por nacer le preguntó al niño triste: "¿Por qué estás tan triste?"
El niño triste le respondió: "Es que no quiero nacer. Voy a nacer en una familia pobre y a sufrir mucho. Prefiero quedarme aquí en vez lugar irme a sufrir allá" Y el niño entusiasmado por nacer le animó diciéndole que no se preocupara, que él lucharía sin descanso para erradicar las injusticias que separan a pobres y ricos. Sería su amigo y compartiría todo con él.
El niño triste, al escuchar aquellas palabras alentadoras, se animó con la esperanza.
Más tarde, el niño animado en nacer se encuentra a un niño de color llorando y le pregunta: "¿Por qué lloras?" Y el niño de color le contestó: "Estoy triste porque voy a nacer en un país de África donde el SIDA se agarra a los de mi raza y los extermina. No quiero nacer porque voy a ser infeliz en aquella tierra" El niño entusiasmado y contento por nacer le dice: "Yo te prometo que estudiaré y trabajaré para que las medicinas contra el SIDA lleguen a tu aldea. Juntos haremos más feliz la vida de los tuyos"
Entonces el niño de piel oscura se quedó muy contento al ver que iban a existir soluciones para el problema que le cerraba todo horizonte... y sonrió por primera vez.
Minutos después el niño ansioso por nacer se encontró con una niña triste y apesadumbrada. Le preguntó: "¿Por qué estás triste?" La niña respondió: "Porque no quiero ir a la Tierra. He descubierto que voy a nacer en un país donde algunos padres venden a sus hijas para pagar las deudas que contraen. No quiero que me lleven a trabajar lejos de mi casa, con hombres malos que explotan a las niñas. Prefiero no nacer"
El chico le dijo: "No tengas miedo. Cuando sea mayor trabajaré en una ONG. Defenderé a los niños y te rescataré de la explotación" La niña se quedó algo más tranquila y dejó de llorar.
Cuando la hora llegó de su partida para venir al mundo, el encargado de enviar a los niños a su destino empezó a nombrarlos. Uno a uno fueron escuchando su nombre y partieron hacia su lugar.
Fueron llamados todos menos el niño que estaba ansioso por nacer. Al ver que se quedaba solo grito: "¡Falto yo! Tengo que nacer para ayudar a mis amigos que ya han bajado a la Tierra" Entonces hubo un gran silencio... El encargado de ir nombrando a los niños y niñas dijo con voz grave: "Lo siento, pero hoy tus padres decidieron no tenerte..."
Y el niño que tenía tantos motivos para nacer se difuminó envuelto en una nube de silencio.
Había un niño ansioso y entusiasmado por nacer. Deseaba llegar a la tierra y amar a sus padres. Pero a su lado descubrió a un compañero que estaba triste. Entonces el niño entusiasmado y ansioso por nacer le preguntó al niño triste: "¿Por qué estás tan triste?"
El niño triste le respondió: "Es que no quiero nacer. Voy a nacer en una familia pobre y a sufrir mucho. Prefiero quedarme aquí en vez lugar irme a sufrir allá" Y el niño entusiasmado por nacer le animó diciéndole que no se preocupara, que él lucharía sin descanso para erradicar las injusticias que separan a pobres y ricos. Sería su amigo y compartiría todo con él.
El niño triste, al escuchar aquellas palabras alentadoras, se animó con la esperanza.
Más tarde, el niño animado en nacer se encuentra a un niño de color llorando y le pregunta: "¿Por qué lloras?" Y el niño de color le contestó: "Estoy triste porque voy a nacer en un país de África donde el SIDA se agarra a los de mi raza y los extermina. No quiero nacer porque voy a ser infeliz en aquella tierra" El niño entusiasmado y contento por nacer le dice: "Yo te prometo que estudiaré y trabajaré para que las medicinas contra el SIDA lleguen a tu aldea. Juntos haremos más feliz la vida de los tuyos"
Entonces el niño de piel oscura se quedó muy contento al ver que iban a existir soluciones para el problema que le cerraba todo horizonte... y sonrió por primera vez.
Minutos después el niño ansioso por nacer se encontró con una niña triste y apesadumbrada. Le preguntó: "¿Por qué estás triste?" La niña respondió: "Porque no quiero ir a la Tierra. He descubierto que voy a nacer en un país donde algunos padres venden a sus hijas para pagar las deudas que contraen. No quiero que me lleven a trabajar lejos de mi casa, con hombres malos que explotan a las niñas. Prefiero no nacer"
El chico le dijo: "No tengas miedo. Cuando sea mayor trabajaré en una ONG. Defenderé a los niños y te rescataré de la explotación" La niña se quedó algo más tranquila y dejó de llorar.
Cuando la hora llegó de su partida para venir al mundo, el encargado de enviar a los niños a su destino empezó a nombrarlos. Uno a uno fueron escuchando su nombre y partieron hacia su lugar.
Fueron llamados todos menos el niño que estaba ansioso por nacer. Al ver que se quedaba solo grito: "¡Falto yo! Tengo que nacer para ayudar a mis amigos que ya han bajado a la Tierra" Entonces hubo un gran silencio... El encargado de ir nombrando a los niños y niñas dijo con voz grave: "Lo siento, pero hoy tus padres decidieron no tenerte..."
Y el niño que tenía tantos motivos para nacer se difuminó envuelto en una nube de silencio.
Narraciones: el naúfrago
El náufrago
El único sobreviviente de un naufragio fue arrojado por las olas a la playa de una pequeña isla deshabitada.
Cuando tomó conciencia de su penosa situación, oraba constantemente a Dios pidiendo que lo rescatara.
Y todos los días clavaba sus ojos en el horizonte buscando una ayuda que nunca llegaba.
Cansado de lo inútil de sus oraciones, comenzó a construir una pequeña cabaña para protegerse, y guardar los escasos enseres que el mar arrojó a la playa junto con los restos del barco hundido.
Con trabajo, ingenio e infinita paciencia logro levantar una cabaña confortable. Hasta se construyó un pequeño hogar en el que ardían los troncos durante la noche, proporcionándole luz y calor.
Pero un aciago día, después de haber recorrido una gran extensión de la isla buscando comida, regresó.
Con infinito dolor encontró la pequeña choza en llamas. El humo del incendio subía hacia el cielo. Todos sus pobres y escasos enseres habían desaparecido, pasto de las llamas.
El náufrago estaba confundido y enojado con Dios y llorando le decía:
- ¿Señor, cómo has podido hacerme esto?
Lloró de rabia e impotencia durante un largo rato. No le quedaban fuerzas para comenzar a construir una nueva cabaña... Y se quedó dormido sobre la arena.
Cuando despertó y miró la línea del horizonte, allá donde el mar se junta con el cielo, no podía creer lo que sus ojos contemplaban: Un barco se acercaba a la isla. Venían a rescatarlo.
Cuando el bote de aquellos marineros llegó a la playa, el naufrago les abrazó. Y pasada la primera emoción y sorpresa, les preguntó:
- ¿Cómo supieron que yo estaba aquí?
Y sus rescatadores se miraron con sorpresa, y le contestaron:
- Vimos las señales de humo que nos hiciste...
(Cuentos del mundo)
El único sobreviviente de un naufragio fue arrojado por las olas a la playa de una pequeña isla deshabitada.
Cuando tomó conciencia de su penosa situación, oraba constantemente a Dios pidiendo que lo rescatara.
Y todos los días clavaba sus ojos en el horizonte buscando una ayuda que nunca llegaba.
Cansado de lo inútil de sus oraciones, comenzó a construir una pequeña cabaña para protegerse, y guardar los escasos enseres que el mar arrojó a la playa junto con los restos del barco hundido.
Con trabajo, ingenio e infinita paciencia logro levantar una cabaña confortable. Hasta se construyó un pequeño hogar en el que ardían los troncos durante la noche, proporcionándole luz y calor.
Pero un aciago día, después de haber recorrido una gran extensión de la isla buscando comida, regresó.
Con infinito dolor encontró la pequeña choza en llamas. El humo del incendio subía hacia el cielo. Todos sus pobres y escasos enseres habían desaparecido, pasto de las llamas.
El náufrago estaba confundido y enojado con Dios y llorando le decía:
- ¿Señor, cómo has podido hacerme esto?
Lloró de rabia e impotencia durante un largo rato. No le quedaban fuerzas para comenzar a construir una nueva cabaña... Y se quedó dormido sobre la arena.
Cuando despertó y miró la línea del horizonte, allá donde el mar se junta con el cielo, no podía creer lo que sus ojos contemplaban: Un barco se acercaba a la isla. Venían a rescatarlo.
Cuando el bote de aquellos marineros llegó a la playa, el naufrago les abrazó. Y pasada la primera emoción y sorpresa, les preguntó:
- ¿Cómo supieron que yo estaba aquí?
Y sus rescatadores se miraron con sorpresa, y le contestaron:
- Vimos las señales de humo que nos hiciste...
(Cuentos del mundo)
Narraciones: el origen de un templo
El origen de un templo
Dos hermanos, el uno soltero y el otro casado, poseían una granja cuyo fértil suelo producía abundante grano. Los dos hermanos se repartían la cosecha a partes iguales. Al principio todo iba perfectamente.
Pero llegó un momento en que el hermano casado empezó a despertarse sobresaltado todas las noches, pensando:
- No es justo. Mi hermano no está casado y se lleva la mitad de la cosecha; pero yo tengo mujer y cinco hijos, de modo que en mi ancianidad tendré todo cuanto necesite. ¿Quién cuidara de mi pobre hermano cuando sea viejo? Necesita ahorrar para el futuro más de lo que actualmente ahorra, porque su necesidad es, evidentemente, mayor que la mía.
Entonces se levantaba de la cama, acudía sigilosamente adonde su hermano y vertía en el granero de éste un saco de grano.
También su hermano soltero comenzó a despertarse por las noches y a decirse a sí mismo:
- Esto es una injusticia. Mi hermano tiene mujer y cinco hijos y se lleva la mitad de la cosecha. Pero yo no tengo que mantener a nadie más que a mí mismo. ¿Es justo, acaso, que mi pobre hermano, cuya necesidad es mayor que la mía, reciba lo mismo que yo?
Entonces se levantaba de la cama y llevaba un saco de grano al granero de su hermano.
Un día, se levantaron de la cama al mismo tiempo y tropezaron uno con otro, cada cual con un saco de grano a la espalda. Tras comunicarse el uno al otro el gesto de generosidad que venían realizando desde hacía tiempo, se abrazaron llenos de alegría.
Muchos años mas tarde, cuando ya habían muerto los dos, el hecho se divulgó. Y cuando los ciudadanos decidieron erigir un templo, escogieron para ello el lugar en el que ambos hermanos se habían encontrado, porque no creían que hubiera en toda la ciudad un lugar más santo que aquél.
El maestro de sabiduría enseña: El lugar más sagrado del mundo es aquel en el que las personas son capaces de vivir con generosidad y solidaridad, ayudándose como hermanos.
(Popular del antiguo Egipto)
Dos hermanos, el uno soltero y el otro casado, poseían una granja cuyo fértil suelo producía abundante grano. Los dos hermanos se repartían la cosecha a partes iguales. Al principio todo iba perfectamente.
Pero llegó un momento en que el hermano casado empezó a despertarse sobresaltado todas las noches, pensando:
- No es justo. Mi hermano no está casado y se lleva la mitad de la cosecha; pero yo tengo mujer y cinco hijos, de modo que en mi ancianidad tendré todo cuanto necesite. ¿Quién cuidara de mi pobre hermano cuando sea viejo? Necesita ahorrar para el futuro más de lo que actualmente ahorra, porque su necesidad es, evidentemente, mayor que la mía.
Entonces se levantaba de la cama, acudía sigilosamente adonde su hermano y vertía en el granero de éste un saco de grano.
También su hermano soltero comenzó a despertarse por las noches y a decirse a sí mismo:
- Esto es una injusticia. Mi hermano tiene mujer y cinco hijos y se lleva la mitad de la cosecha. Pero yo no tengo que mantener a nadie más que a mí mismo. ¿Es justo, acaso, que mi pobre hermano, cuya necesidad es mayor que la mía, reciba lo mismo que yo?
Entonces se levantaba de la cama y llevaba un saco de grano al granero de su hermano.
Un día, se levantaron de la cama al mismo tiempo y tropezaron uno con otro, cada cual con un saco de grano a la espalda. Tras comunicarse el uno al otro el gesto de generosidad que venían realizando desde hacía tiempo, se abrazaron llenos de alegría.
Muchos años mas tarde, cuando ya habían muerto los dos, el hecho se divulgó. Y cuando los ciudadanos decidieron erigir un templo, escogieron para ello el lugar en el que ambos hermanos se habían encontrado, porque no creían que hubiera en toda la ciudad un lugar más santo que aquél.
El maestro de sabiduría enseña: El lugar más sagrado del mundo es aquel en el que las personas son capaces de vivir con generosidad y solidaridad, ayudándose como hermanos.
(Popular del antiguo Egipto)
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