Estamos a uno de septiembre. Confío que el verano haya sido ocasión de descanso, paz y sosiego, pese a los sustos del último mes: incendios de nuestros montes y hasta del edificio moderno de nuestro ayuntamiento, embalses bajo mínimos, la recesión que no se detiene, noticias dolorosas, etc. Pero no todo han sido disgustos.
Agosto ha sido, un año más, el mes del reencuentro con el propio pueblo, paisaje y paisanaje, de la fiesta patronal, de la convivencia de familias y amigos que se añoran, y de algunos acontecimientos que se reservan para estar todos: bautizos, primeras comuniones, bodas.
o que quiero decir es que es bueno ese volver a empezar, renovadas las energías. La posibilidad de un cambio alimenta los deseos y las ilusiones. Es lo que deseo compartir ahora con los amables lectores, desde la confianza en la ayuda de Dios y ante la XI Semana de Pastoral que pondrá en movimiento a los responsables de los dinamismos de nuestra diócesis, incluida Caritas a la que la crisis apenas ha dado tregua este año. Parroquias, sectores pastorales, asociaciones, movimientos, etc., se disponen a asumir el programa del nuevo curso bajo este lema “Para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Tendremos como valor añadido un año de la fe anunciado por el Papa en el 50 aniversario del comienzo del Concilio Vaticano II y para estimular la nueva evangelización. Ya tendremos ocasión de ir explicando todo esto. De momento, volviendo a la referencia de la vida campesina, septiembre es también tiempo de preparar la siembra y de esperar, este año con más urgencia, la lluvia que fecunda los campos. Afrontemos el nuevo curso con ilusión y confianza.
D. Julián López, Obispo de León (publicado en La Crónica de León)
